Gritos, sólo oía gritos. Críticas mordaces de aquellos que se creían con juicio para insultarme. Ecos, susurros que penetraban en mi mente estallando en alaridos.
¿Por qué aguanté tanto?
Palabras nocentes en las que mis ejecutores se regodeaban en cada letra que sus putrefactas gargantas emitían... Ruidosos y molestos.
Yo... sólo busqué la solución: apretar sus cuellos y atrapar sus palabras en la tráquea, ahogarlos con ellas; abrirlos, para extirpar sus insultos de sus cuerdas vocales.
No sólo busqué... Si no que encontré algo que los apagaba.
¶ 8:07 PM |