Modelo Ella no se merecía aquel hermoso rostro, no, alguien tan impuro y repugnante no merecía desprender aquel halo de belleza que la rodeaba… No merecía que le diese el privilegio de conservar su esencia eternamente... merecía observar su propia putrefacción, hasta que intentar fijar la vista en su rostro provocase náuseas… Entonces la mostraría al mundo, lograría al fin el protagonismo que siempre había deseado. ¿Rió su alma por la ironía que aún me hace reír?
Llevaba ya unos días sobre la cama en la que le hice el amor, la sangre que vertí en aquel momento yacía ya seca cuando, al fin, sentí náuseas… Sus negros ojos se perdían blanquecinos en un horizonte inexistente; sus labios, antes rojizos y carnosos, se presentaban ya secos, azules y arrugados en una exagerada mueca de dolor; su piel, de porcelana aterciopelada, era ya gris y repleta de venas azules que se extendían por su cuerpo.
El hedor se expandía imparable por todos los recovecos de la habitación, se adhería a la piel y a todo aquello que nos rodeaba; inundaba su nariz en una explosión perceptiva que, además de provocar un irritante escozor nasal, provocaba una tos húmeda que vaticinaba lo que sería un futuro vómito.
Aquella noche la fotografié desnuda, su inerte cuerpo de mirada perdida… Aquella noche estaba más hermosa que nunca, más natural que en toda su triste vida.
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